lunes, 12 de abril de 2010

Prefacio

Era un sueño, lo sabia, estaba casi 100% segura de eso, en primer lugar porque ese lugar era imposible, algo irreal que seguramente, había sido creado por mi mente, por haber leídos tantos libros, simplemente efecto de la imaginación.
En mi sueño, me veía a mi misma, en un campo amplio donde, todo lo que podía ver era el horizonte, un hermoso atardecer que pintaba de color rosa el cielo y las nubes las hacia parecer inexplicablemente de mil colores, los colores naranjas y purpura predominaban de una manera que me casi me hacían sentir extrañamente cálida. El sol casi había desaparecido, dejando solo el rose de sus rayos divididos entre cielo y tierra, entre mi sueño y un infinito atardecer.
Estaba fija, sin movimiento, mientras veía como la obscuridad se apoderaba del cielo, un viento frio, se arremolino entre la arboleda de atrás de mi, haciéndome estremecer, escuche un silbido armónico, esperando que el viento ahora me hiciera líos con toda su fuerza, sentí como se revolvió entre mi cabello y mi vestido y me acaricio la mejilla antes de dejarme sola, en aquel maravillo y tranquilo lugar, del cual no quería nunca irme, tenia un sentimiento, de que no debía alejarme de ahí, nunca.
Para cuando el cielo sobre mi eran completamente negro, una luna divinamente brillante, marcaba un reflejo delicado sobre el suelo de mi propia silueta, el prado era iluminado por una luna extravagante y miles de estrellas que titilaban al mismo tiempo.
Sin duda alguna, era el sueño mas hermoso, que había tenido en mi vida y aunque no entendía que estaba haciendo yo en ese extraño, divino lugar, me sentía como si hubiera pasado un vida entera ya ahí, como si me perteneciera, como si mi vida entera fuera ese prado.
De pronto, sentí una presencia, detrás de mí, que avanzaba desde aquel oscuro bosque, podía escuchar sus pisadas sobre el pasto, decidí voltear y averiguar quien me iba a acompañar en mi sueño, pero no podía ver nada, todo estaba muy oscuro y no diferenciaba nada, camine un poco hacia el bosque, en busca de la persona, que estaba segura que había escuchado, pero ya no estaba, me quede en silencio para ver, si podía escucharlo, era solo silencio, un tranquilo silencio, se había hecho presente en aquel hermoso lugar, el viento ya no cantaba entre los arboles.
Miedo, ahora todo lo que había en aquel sitio era neblina, y una sensación de querer despertar antes de descubrir algo a lo cual tontamente temía.
-¡Vete!-
Una voz me ordeno desde dentro, camine de prisa buscando salir del bosque o de mi sueño, que ahora era más bien se tornaba una pesadilla. La oscuridad me obligaba a parpadear varias veces en busca de una luz, ahora estaba mas lejos del prado, estaba corriendo en sentido contrario, pero no lo notaba, hasta que todo se volvió de un negro profundo y la niebla, me mojaba, sin cesar.

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